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Porque la vida es mucho más interesante cuando es contada

Lisístrata

October26

Este curso una asignatura que me encanta es Teatro Griego. Hemos estado hablando ahora de la comedia de Aristófanes Lisístrata. Lisístrata es lo que se llama un nombre parlante, algo muy frecuente en los nombres de los personajes de las comedias. Significa “la que disuelve el ejército” (λύσις /lýsis/ “separación” y στρατός /stratós/ “ejército”), cosa que tiene mucho que ver con el argumento: durante la Guerra del Peloponeso, en la que atenienses y espartanos no paran de pelearse sin ningún atisbo de paz a la vista, las mujeres de los guerreros de ambos bandos empiezan a hartarse de la guerra y de no ver a sus maridos. Por ello Lisístrata las convoca a todas y las anima a una huelga de sexo. La idea es que hasta que los hombres no firmen la paz, las mujeres se negarán a todo contacto sexual con sus maridos. Al final, los hombres se rinden y ambos bandos deciden firmar la paz.

La obra denuncia lo absurdo de la guerra y también resulta, como os podéis imaginar, realmente hembrista.

El argumento da pie a escenas desternillantes en las que las mujeres se niegan al sexo con sus maridos. Que este tema es de los más recurrentes todavía ahora, todos lo sabemos. El pasado Abril tuve la oportunidad de verla representada en el teatro de Segóbriga y la verdad es que me gustó mucho.  Hay dos personajes que son una combinación explosiva: el matrimonio formado por Cinesias y Mírrina. También son nombres parlantes: algo así como “Meneón” y “Chochito” entenderían los griegos. La escena en la que Mírrina le pone la miel en los labios a Cinesias, haciéndole creer que va a acostarse con él pero negándose finalmente es de las más cómicas de la obra. La escenificación también es muy cachonda: a partir de cierto punto, cuando pasan unos cuantos días de sequía de sexo, los hombres aparecen con notables erecciones en el escenario.

Cinesias y Mírrina, ilustración de Patricia Muñoz

Cinesias y Mírrina, ilustración de Patricia Muñoz

Así que imaginad las risas cuando el viernes el profesor nos puso un vídeo de una representación que hicieron hace años (veinte o treinta, qué sé yo) los alumnos de la asignatura: un vídeo que ya tiene bastante cachondeo porque ya lo vieron mis compañeras que se cogieron Teatro hace dos cursos y aparecen profesores que tenemos ahora en sus tiempos mozos.

Pues el profesor dijo que le iba a dejar a alguien un cómic basado en la obra para que lo leyera y lo explicara en clase. Al oír la palabra “cómic” levanté la cabeza instintivamente, así que me tocó a mí. El cómic en cuestión resulta ser de Ralf König, un autor abiertamente gay que ha adaptado muy libremente la obra, como os podéis imaginar, explayándose mucho más en el plano sexual. Introduce una trama nueva en el argumento, llevada a cabo por los homosexuales de Atenas, que aprovechan la situación para sugerir a los hombres heterosexuales una “homosexualidad forzosa”.

Pero es que además hay una peli española que está basada en el cómic, que me acabo de bajar y aún no he visto, y la verdad, aún no sé qué esperar de ella, de la mezcla de cine español, comedia y homosexualidad. Me da miedo, porque en el cómic queda muy bien encajada la trama de los homosexuales y no se sale del buen gusto, en mi opinión; y no sé qué puedan hacer en la peli para destrozarlo. Puede que lo mejor sea no esperar nada de nada…

Pero bueno, concluyendo, una de las obras de Aristófanes más famosas y más divertidas. Seguramente es la que mejor pueda llegar a alguien ajeno al teatro clásico, así que recomendadísima para unas risas sobre todo si te gusta la cultura clásica.

Sentido común

October14

Hay una cosa que nadie puede enseñarte, sólo la vida y la experiencia, y que necesitas para sobrevivir en el colegio, en el instituto y en la facultad: el sentido común. Te vas a encontrar con muchos profesores distintos, y vas a tener que saber cómo da clase cada uno y qué pide cada uno. Hay que tener esa picardía para saber cuándo y cuánto vas a tener que esforzarte.

Hace dos semanas en la asignatura de Literatura Griega nos mandaron leer unos fragmentos de un manual, que entre todos sumaban unas cien páginas, sobre historiografía en sus distintos periodos. El profe nos dijo que después nos haría un pequeño examen para comprobar que nos lo habíamos leído. El manual en cuestión es del 68 y está escrito en plan ensayo, en lo que se pretende que esté a medio camino entre un texto expositivo y literatura. Pero no sólo era complicado de comprender en el sentido de que el texto tenía unos giros literarios exagerados, sino que el tema estaba extremadamente desarrollado: de cada autor contaba vida y milagros, de qué iba cada párrafo de cada capítulo de cada libro de su obra, la evolución de su estilo, etc. Vamos, de todo.

De los seis fragmentos que teníamos que leer, el primero, que era más digerible, me lo leí y lo entendí sin problemas. Los dos siguientes eran sobre dos autores en concreto y eran infumables, sobre todo la parte del contenido de sus obras. Me los estaba leyendo y no me enteraba de nada; me los volvía a leer y no reconocía ni habérmelo leído antes… un desastre. Así que ojeé los demás fragmentos y como vi que el siguiente no era tan coñazo también me lo leí. Los dos últimos ni me dio tiempo a mirarlos ya, pero también iban de autores concretos así que no creo que me los hubiera leído.

Cuando he llegado a clase todo el mundo estaba nervioso, estaban repasando las notas y resúmenes que se habían hecho (¡!) y memorizando nombres de escritores rarísimos. No hablaban de otra cosa y estaban empezando a ponerme nerviosa: “¿pero no dijo que iba a ser un examencillo de nada?” no he parado de repetir.

El examen ha consistido en diez preguntas cortas y sencillas: “Nombre del primer historiador del que se tiene noticia”, “Cita la obra de Heródoto y de qué trata”, “¿En qué siglo vivió Polibio?”, y mierdas así. No hacía falta responder con más de una oración en ninguna pregunta y, de hecho, las que tenían que ver con los últimos fragmentos que no me leí eran cosas que sabía antes. Hemos terminado en diez minutos. Si no fuera porque yo también perdí tiempo al intentar aprenderme esos dos fragmentos que me costaban, y si hubiera aprovechado ese tiempo para hacer otras cosas, me habría partido el culo allí mismo.

Mis amigos han salido sintiéndose engañados, quejándose del manual, de que nos hagan un examen tan pronto (un examen así, no creo que cuente ni para el 1% de la nota).

El problema a veces es que no escuchamos lo que nos dicen, preferimos esforzarnos de más que quedarnos cortos, y creo que eso tampoco es. Lo único que se consigue así es frustrarse desde el principio, coger manía a una asignatura…: negatividad.

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