Sobre lo que siempre nos acompaña
Lo siguiente parece, por lo obvio que es, una de esas enseñanzas que le hace el viejo maestro al alumno, pero no es más es un simple pensamiento concebido en una ducha rutinaria.
A veces pienso que lo que siempre me acompaña es la facilidad que tengo para ser feliz. Otras veces creo que es mi impulso natural e irracional por seguir adelante. Otras el saber que “lo correcto suele ser tomar el camino más difícil”… pero no es así. No siempre lo siento así, hay algunas veces que me derrumbo y no soy capaz de ver el cuadro entero, o eso pienso cuando creo que veo el cuadro entero. Digamos que confío más en mi parte positiva, pero que quiero dejar de ignorar mi parte negativa.
Así que me he dado cuenta de que lo único que me define no es algo puntual sino diacrónico: siempre, con el paso del tiempo y con cada experiencia, aprendo algo sobre mí. Iba a decir “algo nuevo sobre mí”; pero no es así siempre, sino que a veces la vida me hace simplemente recordar, para que tenga en cuenta, ciertos aspectos de mí.
Y acerca de aquellas famosas preguntas que nos hacemos todos alguna vez, “¿Qué he hecho hoy?”, “¿Para qué sirve lo que he hecho hoy?”, y que nunca sabemos cómo responder, se me ocurre que mientras hayamos descubierto algo más de nosotros mismos, bien estudiando todo el día encerrados en nuestra habitación, bien imaginando con un niño que existen mundos fantásticos, bien cocinando para toda la familia, bien viendo una película aunque sea por cuarta vez, nunca habrá sido tiempo perdido.
Es muy complicado postular que nos hacemos mejores personas sólo porque cada vez nos conozcamos mejor. Creo que las personas simplemente cambiamos, y si es en favor de un aspecto será tal vez sacrificando otro. Pero creo que explorarnos con consciencia y aprovechar ese conocimiento seguramente sea una buena herramienta para cambiar a mejor.