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Sobre el Camino de Santiago (I)

July7

El martes 29 volví del Camino de Santiago, no exactamente como os anuncié, sino un par de días más tarde. ¿Por qué he tardado tanto en escribir sobre el viaje? Bueno, en parte porque no han sido unas vacaciones normales: de un viaje así uno tiene que recuperarse, diría que más psicológica que físicamente… pero quiero empezar desde el principio.

Un poco de historia

Como yo no sabía la historia del Camino antes de hacerlo, la resumo: todo procede de una leyenda difundida a finales del siglo VIII en el noroeste de la Península Ibérica, que afirmaba que los restos del apóstol Santiago el Mayor estaban enterrados en tierras gallegas. Después, en 813, un ermitaño llamado Pelayo le dijo al obispo Teodomiro que había visto una estrella posada en el monte Libredón, donde descubrieron un cementerio de época romana. Enseguida la noticia se extiendió por la comunidad cristiana europea y surgieron peregrinos que comenzaban a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae, ‘Campo de la Estrella’. Todavía no se sabe si ‘Compostela’ viene de esa expresión o de la palabra latina que significaba ‘cementerio’, compositum. Jo, siempre me desvío por derroteros lingüísticos. En todo caso, mucho más bonita la primera explicación.

Por lo visto, el Camino se hace muy famoso sobre todo a partir del siglo X, porque se convierte en una forma de devoción religiosa muy de moda, la religión se socializa. Pero a partir de los siglos XIV y XV, que no fueron tan buenos, cae en el olvido, hasta hace bien poco: en 1993 se lanzó una gran campaña publicitaria para el Jacobeo de ese año. Fue entonces cuando se restauraron tramos de la ruta y se pusieron indicaciones (flechas amarillas, postes, mojones), y es desde entonces que existen peregrinos con todo tipo de motivaciones, no sólo religiosas.

(Adaptado de los artículos de Wikipedia Santiago el Mayor y Camino de Santiago)

Nuestro plan

En principio íbamos a hacer las siete últimas etapas del Camino Francés, el más típico, en siete días. Pero era un objetivo ambicioso, demasiado ambicioso, sobre todo si tenemos en cuenta que:

  • La última etapa era de 40 km, es decir, casi el doble que las demás, por lo tanto más bien había que contar con ocho etapas.
  • La mayoría de los que íbamos no hacemos deporte habitualmente, y nadie se había estado entrenando, pues lo pensamos justo antes de empezar de exámenes y partimos unos días después de terminarlos.
  • Éramos un grupo de siete personas, por lo tanto el ritmo era más lento que el de un grupo más reducido.

Así que al final sí, cumplimos el objetivo, pero con calma. El domingo 20 lo único que hicimos fue llegar a Villafranca del Bierzo (estuvimos en este albergue), dar vueltas por el pueblo y acostarnos pronto para empezar a andar al día siguiente; y ya al final, pasamos una noche en Santiago para poder verlo con calma, así que el 29 también fue prácticamente sólo la vuelta a Madrid.

Andurreo

Por lo tanto, el andurreo propiamente dicho fue del 21 al 28, una etapa al día (tras dividir la última etapa en dos). Yo noté claramente tres partes en el viaje:

  • Los primeros tres días íbamos todos juntos hablando, cantando, contando chistes y demás tonteridas varias. Nos íbamos esperando según mandaba el terreno, normalmente tras una subida dura. Íbamos lentos y sin prisa, no conocíamos las posibilidades de cada uno, no estábamos preparados y el terreno era el más duro de todo nuestro andurreo (la primera etapa era una de las más difíciles de todo el Camino), así que llegábamos bastante tarde a los albergues, con el tiempo justo para ducharnos, lavar la ropa, tenderla, cenar y acostarnos. Lo cual a mí me desmoralizaba bastante: los primeros días fueron los peores en ese sentido.
  • Los siguientes tres días fueron bastante caóticos. El grupo se dividió y cada uno iba a su ritmo. Además nos dimos cuenta de que antes de partir no habíamos hablado de cómo se tomaba cada uno el Camino: unos iban sólo para divertirse, hacer el Camino era lo de menos, otros se lo tomaban totalmente en serio y se pensaban hacer a pie todas las etapas aunque hiciera un sol de muerte o diluviara. ¿Yo? Más o menos en serio: siempre que me atreviera, quería hacer todas las etapas a pie. Entendí el Camino como un reto físico personal, contando con que si hubiera querido hacer un viaje divertido habría ido a la playa o a cualquier otro sitio. En cualquier caso, así el ritmo se aligeró y no tuvimos que preocuparnos tanto por encontrar albergue. El primero que llegaba reservaba para los demás, que tampoco llegábamos mucho más tarde. Lo bueno fue que de esta forma tuvimos las tardes más relajadas y tuvimos tiempo tanto para distraernos echando unas cartas como para hablar sobre cómo cada uno entendía el Camino.
  • Los dos últimos días fueron los mejores. Íbamos juntos pero no revueltos, es decir, cada uno más o menos a su ritmo y haciendo las paradas justas, pero a la vez tratando de que nadie se quedara solo mucho tiempo ni nos perdiéramos de vista. Además el terreno era casi todo llano ya y los ánimos estaban muy altos, mezclados con nervios por llegar ya a nuestra meta.