Primeras observaciones de Londres
- El ambiente es húmedo y hace mucho bochorno ahora en Julio.
- El transporte público es caro pero puntual.
- Es muy fácil hacerte entender en inglés, y entender a los que se quieren hacer entender. Otra cosa es entender a los que hablan entre sí porque hablan rapidísimo.
- Todo el mundo es amable. Hasta los mendigos, borrachos y locos son amables.
- Para bajar al metro normalmente hay un solo tramo de escaleras larguísimo. Hace mucho calor y huele a máquina, pero va muy rápido y pasan cada dos minutos en las horas normales. El techo de los vagones es abovedado, así que a los lados hay que agacharse para no darse un coscorrón con las puertas (esta misma mañana me ha pasado), que se abren siempre automáticamente. Nunca sabes por qué lado vas a tener que salir, y los asientos son mullidos. Hay que picar para entrar y para salir. Muchas veces las bocas de metro están en edificios.

Boca de metro de Oxford Circus
- Puedes tirarte horas con algo que quieras tirar a la papelera en la mano, porque no hay muchas papeleras por la calle. Pero sorprendentemente, la calle está más bien limpia.
- No es tan difícil cruzar la calle: casi siempre está indicado abajo hacia qué lado tienes que mirar.
- Me gusta. Creo que podría vivir aquí.
