NimbuBlog

Porque la vida es mucho más interesante cuando es contada

Sobre la dicotomía analógico VS digital

April19

Como ya deberíais saber, estudio Filología Clásica. Mi carrera es una carrera de Humanidades y digamos que, en general, no se nos dan bien las nuevas tecnologías. Los profesores saben utilizar el Word y gracias (lo que veo completamente normal, porque en realidad no necesitan más herramientas). Como os podéis imaginar, cuando intentan utilizar el proyector perdemos unos veinte minutos de clase mientras viene un técnico a ayudarle (y no sabemos cuántos más perderán ellos cuando acaban). Tenemos una página del profesor en la web de la facultad que sirve para que suban archivos y los alumnos los puedan descargar, pero en la mayoría de los casos los profesores prefieren hacer fotocopias, entregarlas en clase y punto. No estoy criticándolo, de hecho a veces es más eficiente el sistema tradicional; sólo quiero recalcar que cuando pueden evitarse las nuevas tecnologías, en general se evitan. Aunque me estoy dando cuenta últimamente de que cada vez hay más profesores animados a usar los ordenadores y manejan perfectamente Internet, por qué no decirlo.

Todo esto viene a que hoy os traigo una anécdota jugosa y larga para compensar (y a la vez justificar) mi dilatada ausencia por estos lares. Es de esas anécdotas que lees y dices “esto tiene que estar exagerado, no pudo ser exactamente así”. Pues bien, fiaros, fiaros de mi palabra, que yo estuve allí. Después de aquella experiencia, creo que los alumnos son más retrógrados que los profesores (que por lógica son los que deberían serlo simplemente por ser mayores).

Ocurrió exactamente el miércoles 24 de febrero, en la última conferencia de una serie sobre sistemas de escritura, a la que llevaba asistiendo yo un par de semanas -con un ritmo frenético para lo que estoy acostumbrada: salía a las 8 de casa y llegaba a las 20 sin tiempo ni ganas para hacer nada. Sé que para mucha gente ése es su horario habitual, pero yo después de experimentarlo sé que eso no es para mí. Estuve totalmente desconectada y dejé de leer feeds y escribir en el blog. Ahí tenéis la justificación xD-. En principio se trataba de una mesa redonda para discutir los siguientes puntos:

- La necesidad de la escritura.
- La posibilidad de un sistema de escritura perfecto.
- ¿Existirán siempre los sistemas escritos? ¿Cómo serán?

Para ello llevaron a tres tipos: un profesor de lógica, un profesor de filología latina y un publicista. El primero y el último interesaron bien poco: al profesor de lógica ya le había oído hablar antes (fue Decano y una vez invitó a aperitivos en la cafetería pequeña, que se llenó de estudiantes hambrientos, como os podéis imaginar) y es un tipo al que no puedes contradecir porque, como cabe esperar, sus discursos son muy lógicos :P fue el único que realmente desarrolló los temas que se le habían propuesto. En cuanto al publicista, bueno, se dedicó a hacer lo que mi profesor de Comunicación Audiovisual en el instituto cuando tocaba el tema de la imagen: proyectar carteles publicitarios chulos. Eso fue todo: de una originalidad que me asustó, vaya, y vinculadísimo al tema de los sistemas de escritura…

Así que el más interesante desde mi punto de vista fue el profesor de latín. Pero es que no era un profesor de latín cualquiera: venía claramente a hacer de abogado del diablo. Tampoco habló directamente de lo que se le había pedido, sino que se dedicó a hacer una apología de lo digital en toda regla. Enseñó su lector de libros electrónicos a la sala, alardeó de él calificándolo de “preciosidad” y declaró que en pocos años todos tendríamos uno. Sacando su MacBook proyectó escenas de la película Avatar, en las que se describía el sistema eléctrico que tienen para comunicarse los habitantes de la ficticia Pandora, asegurando que podría hacerse realidad en un futuro no necesariamente lejano. Reprodujo también unos vídeos que mostraban una nueva tecnología para hacer fotos, mediante la cual sólo hay que colgarse del cuello un sensor y encuadrar la imagen con las manos, como muestra de lo rápido que avanzan las técnicas. En definitiva, logró asustar a todo el mundo con esas predicciones tan exageradas como las que salen en revistas de contenido general en la sección de Tecnología (“en veinte años estaremos conduciendo en coches voladores”).

Habló de redes sociales, de Twitter, defendió la Wikipedia (impensable en un profesor de mi carrera, la  verdad), de Creative Commons, le faltó hablar de la metáfore de la Nube, vaya; por lo que creo que, a no ser que se haya metido en el mundillo de Internet hace poco y haya aprendido rápido, no se debía de estar creyendo sus propias predicciones. Lo hizo con afán provocador, estoy segura. Porque sabía para quiénes estaba hablando.

Y vaya si tuvo “éxito”: la gran mayoría de las preguntas e intervenciones (que duraron alrededor de una hora) fueron dirigidas a él. Preguntas e intervenciones que mostraban opiniones contrarias a las que él había defendido, porque no sé si he dicho que en general el auditorio se desencantaba cada vez que abría la boca. Le hacían preguntas del tipo “¿pero qué pasa cuando te quedas sin batería? eso con el libro físico no pasa…”, como si todo el mundo no tuviera ya móvil, mp3, portátil… que funcionan con batería; “¿no crees que con el móvil la ortografía de los jóvenes está empeorando?”, como si los móviles tuvieran más que ver en la educación de los jóvenes que el propio sistema educativo.

Los profesores con toda su buena intención le comentaban lo duro que les había resultado y les seguía resultando aprender a usar el ordenador. Eso siempre ha ocurrido, sólo que ahora la tecnología parece que avanza más rápido (y digo parece, porque ya digo que las predicciones de este tipo me parecían exageradas). Yo creo que todo es cuestión de estar abierto a aprender siempre, durante toda la vida. Que a cambio de que los avances tecnológicos te faciliten la vida, puedes pasar un periodo de aprendizaje al principio, y cuanto más dispuesto estés a aprender, más llevadero se te hará.

Después hubo manifestaciones de la preocupación por que se popularizara el libro electrónico y las consecuencias de ello. En mi opinión, el libro físico no tiene por qué desaparecer: la industria se transformará y las librerías podrán vender libros electrónicos también.

Lo mejor de todo es que a la gente le dices que va a terminar comportándose de una manera y creen que les estás intentando obligar a que lo hagan. Nada más lejos de la realidad, porque si hace unos años (digamos veinte, digamos diez) nos dicen que todos vamos a tener correos electrónicos, móviles… ¿nos lo hubiéramos creído?

Bueno pues después de todo esto, los organizadores se levantaron para acabar con la ronda de intervenciones y, como era la última sesión de conferencias, recordar dónde entregar el trabajo que se pedía para conceder los créditos a los que se habían apuntado al curso (yo es que no estaba matriculada, iba por amor al arte xD pero es bastante idiota por mi parte, que luego eso lo puedes poner en el currículum si quieres). Bueno, pues después de que el auditorio hubiera defendido con uñas y dientes lo analógico y tradicional, lo guay que era abrir un libro y aspirar el olor a nuevo (o a viejo) de sus páginas, lo romántico que es escribir con bolígrafo y papel… la única pregunta que hicieron a los organizadores fue, atención:

-”¿Puede enviarse por correo electrónico?”

Ay, si es que el ser humano reconoce lo que es cómodo cuando lo ha experimentado.

Y yo disfrutaba como una enana.

La comunicación no verbal

January15

Este curso retomé el libro La comunicación no verbal de Flora Davis. Nos lo mandó leer el profe de Filosofía en 1º de Bachillerato (hace tres años, cómo pasa el tiempo), pero no lo terminé. Y eso que me gustaba; por eso tenía la espinita clavada y lo he tenido que releer estos días, o meses mejor dicho, porque soy muy lentita leyendo. El caso es que esta mañana me lo he terminado.

Trata sobre lo que en el momento de ser publicado (1971) era una ciencia incipiente: el estudio de la comunicación no verbal, es decir, aquellos mensajes que todos somos capaces de transmitir y recibir, la mayoría de las veces de forma inconsciente, en los encuentros cara a cara sin pronunciar una sola palabra (y por supuesto, sin escribirla). Pero no es una obra científica, sino que sólo tiene el objetivo de dar unas ligeras pinceladas introductorias a cada uno de los campos en los que se empezó a desarrollar este tipo de investigaciones.

La autora es una periodista que un buen día profundizó más en el tema de un reportaje que tuvo que escribir, por lo tanto está escrito en un lenguaje y un enfoque muy claro y fácil de entender, como si te lo contara un amigo pero con numerosos datos, nombres propios y obras de referencia.

Me ha gustado mucho por lo curioso y lo cercano del tema, que hace que se lea con soltura. Yo no he parado de ir comentando a la gente que conozco lo que he leído en él, hay muchas anécdotas curiosas que ha tenido esta mujer y que todos hemos podido tener en la vida. Y otra de las razones por las que me ha gustado es porque incita a pensar en posibles campos de investigación que todavía no se han explorado (que yo sepa), como el estudio de la cinesis particular de todos los idiomas del mundo para perfeccionar el manejo de éstos por parte de hablantes no nativos, la aplicación de los conocimientos sobre la postura en psicología, incluso en medicina, etc.

La base de la escritura china

November5


La invención de la escritura china se atribuye a Fu-Shi, emperador legendario que vivió hace cinco milenios. En esta pintura del siglo XIII aparece el mítico personaje con los ocho trigramas dispuestos en círculo, según un esquema centrífugo, para formar un octógono. Esos ocho trigramas serían la base de la escritura china.

El chino es un antiquísimo sistema de escritura y, lo que es más increíble, ha variado muy poco en sus miles de años de existencia.

Adaptado de http://www.proel.org/alfabetos/chino.html

Talking ’bout my generation…

January28

Somos la generación de los nicks, de las frases cortas y mensajes personales. De las letras de canciones en las agendas, en las carpetas, en los títulos de los blogs y fotologs. Del constante cambio que hacemos de ellas. De decirlo todo con esa frase. De definirse con ellas, jugar a ver quién la reconocerá, hartarse de una y volver a cambiar. De no ser capaces de inventarlas nosotros. De tomarnos demasiado en serio que hay que buscar una inspiración. De tener más creatividad para inventarse emoticonos o dibujos en una cuadrícula que para escribir o componer música.

Somos la generación de la vaguería. Del ponerse a estudiar y empezar a pensar en cosas que nos gustaría hacer si no tuviéramos que estudiar. De la distracción. De los videojuegos o los minijuegos que te entretienen un ratito. Del tener el ordenador al lado y el teclado debajo de la mesa para usarlo en cualquier momento.

Somos la generación de la desinformación. Del cansarse al leer un periódico, de no prestar atención a la tele cuando dan las noticias. De no profundizar en un acontecimiento importante. De no tener curiosidad por lo que va más allá de nuestros intereses. De no tener una opinión sólida sobre nada, por falta de información y de seguridad, o por exceso de mala información. De tener la cabeza vacía o demasiado llena.

Somos la generacion del aquí y ahora. De no poder esperar para conseguir nuestras metas. De no creer en nada que se nos diga que nos llegará dentro de mucho tiempo. De no ver más allá de la fecha de nuestro próximo examen. De odiar planificar porque lo más importante es vivir el presente. De rendirnos enseguida si no obtenemos éxitos inmediatos. De no reconocer un éxito inmediato cuando es pequeño, por mucho que nos conduzca al sueño. De, en consecuencia, no creer en nuestros sueños, de no saber luchar por ellos, o de luchar por ellos sin ninguna seguridad en nosotros.