Sobre el Camino de Santiago (III): Martes
La segunda etapa era de O Cebreiro a Triacastela, pero como habíamos pasado la noche en La Faba, a unos 5 km de O Cebreiro, primero tuvimos que subir un poquito. Menos mal que el día anterior no nos lanzamos a subirlo entero porque habríamos llegado muertos, ya que, aunque corto, fue realmente duro.
Por eso el resto de la etapa fue mucho mejor, porque acostumbrados a tanto sufrimiento (yo ya pensaba que todo iba a ser así xD) la bajada fue estupenda. Aun así, ese día nació el comentario, tan numerosamente repetido después, “yo no sé si es peor subir o bajar”: porque descender cuestas muy empinadas, aunque no es ni de lejos tan cansado como ascender, hace que se carguen otros músculos de las piernas. Por no hablar de los pies. Con deciros que yo me corté bien las uñitas de los pies antes de partir, y se me cayeron dos al volver a Madrid por tanta bajada >.< (pero no duele nada y han vuelto a salir otras, estoy muy orgullosa de ellas xD).
Ese día a las 6:23 ya estábamos desyunando y a las 7:45 coronando el O Cebreiro (lo sé por la hora a la que tomé las fotos).
Creo que paramos un ratito en Alto Do Poio a “hacernos curas”, como decía Nona (momento en que Sonia se arrancó en esto de hacer chistes tontos y dijo “hacernos monjas” xDDD), en unos banquitos que había al lado de un riachuelo donde Jaime remojó los pies (las guías siempre decían que eso era muy bueno para los pies).
Comimos bocatas de tortilla en O Biduedo, nos volvimos a curar los pies, anduvimos un poquito más y llegamos a Triacastela como a las 18. Nos alojamos en un albergue que en principio pintaba muy bien, pero cuando nos instalamos descubrimos primero que la luz del baño se había ido y que la pila de limpiar la ropa estaba atascada y sucísima…
Lo del baño en las horas de luz pues no daba problemas. Recuerdo que era un baño mixto con sus cabinas de retrete y sus cabinas de ducha, y lo recuerdo porque Irene, Carlos y yo estuvimos hablando mientras nos duchábamos a la vez (cada uno en su cabina, no os preocupéis xD) y Carlos dijo lo de “nunca me había duchado hablando con chicas, es divertido” xD Pero enseguida empezó a oscurecer y había que ir al baño con linternas (que la mía era de dar cuerda y yo pensé que con la de cuerda que le había dado en casa iba a tener suficiente para todo el Camino, pero no, creo que fue allí donde se me empezó a gastar; al día siguiente empecé a caminar mientras le daba cuerda y sonaba como ahogar un gato, según Jaime xD). Me parece que fue Sonia la que vio a un hombre desnudo en el baño xD a mí lo que me pasó fue que me fui a lavar los dientes antes de acostarme y justo había una linterna encendida en dirección a mí así que no tuve que encender la mía, pensé “qué suerte”. Pero no, cuando terminé me di cuenta de que era un hombre el que estaba apuntándome para darme luz, todavía no sé si era del albergue o alguien cualquiera…
La pila de lavar la ropa nos la encontramos Carlos, Irene y yo llena de un agua gris oscura, vamos que no daba mucha confianza lavar ahí la ropa, se iba a manchar más que lavar. Así que Carlos dijo que él la desatascaba si le lavábamos la ropa y así hicimos xD
Creo que a Ester ya le empezaron a dar los primeros tirones en la pierna y fue a la Cruz Roja en Triacastela, donde le dijeron que fuera al centro médico que había en Sarria, el destino de la siguiente etapa (qué bien). Los demás ya teníamos quien más quien menos nuestras ampollitas (menos Carlos que no se hizo ninguna en todo el Camino).
Esa noche cenamos en un restaurante que había cerca del albergue. Recuerdo que pedí pollo asado; no me dejaron pedir huevos fritos porque los comí los dos primeros días y ese día había comido tortilla xD Luego, me llamaron de casa y salí a hablar. Cuando volví, todavía seguíamos esperando a que nos sirvieran. Me preguntaron qué tal y… me puse a llorar. Por la simple razón de que cuando salí de casa en Madrid me había puesto muy nerviosa y había discutido con mi madre porque veía que se me olvidaba algo y… cuando hablé con ella en ese momento me dijo que aprovechara al máximo y que me lo pasara genial. Supongo que me emocioné tanto porque son cosas que nunca me dice cuando salgo de casa, sino que se preocupa más de que no se me olvide nada >.<
Cuando llegamos a la habitación ya había gente durmiendo y… roncando. Así que cuando me metí en la cama me puse los tapones que me había dejado Irene (a quien se los había pedido porque tenía de sobra) pero… oía igual los ruidos. Así que esa noche sufrí muchos ronquidos y pasé muchísimo calor.



